11-4-2012
EDITORIAL
Egon Friedler, Periodista
El gobierno de Sudán del Norte despojó a sus habitantes cristianos, cuyo número se estima entre 500.000 y 700.000, de su ciudadanía y les ordenó abandonar el país. El gobierno del dictador islamista Omar Bashir declaró que todos aquellos “cuyos padres, abuelos o bisabuelos procedan del Sur de Sudán o pertenezcan a un grupo étnico sureño” ya no son ciudadanos del país y por lo tanto deben irse.
La medida refleja las tensiones existentes entre Sudán del Norte y Sudán del Sur, que obtuvo su independencia en julio de 2011. Si bien no existe un estado de guerra entre ambos países, siguen produciéndose incidentes bélicos y choques fronterizos entre ambos países. La mayoría de los cristianos que viven en el Norte son hijos o nietos de inmigrantes procedentes del Sur.
Las redes de información cristianas en Internet atribuyen estas duras medidas de limpieza étnica a las presiones de los influyentes elementos islamistas en el seno del régimen de Omar Bashir luego de la secesión de Sudán del Sur. Una figura clave en esta política discriminatoria sería el líder del ala sudanesa de la Hermandad Musulmana, el político y clérigo musulmán Hassan al Turabi.
Al Turabi pertenece a una adinerada e influyente familia y estudió en las universidades de Khartum, Londres y la Sorbona en París. Su preparación académica no ha impedido que abrazara la corriente más radical y xenófoba del islam y pusiera en práctica todo su gran talento de intrigante para hacer del Sudán un país en el que impere la Sharia o legislación islámica. Uno de sus “méritos” fue empujar su país a la guerra civil de 1983. Un cuñado de Turabi, Sadeq al-Mahdi, fue dictador en la primera etapa de la guerra civil, entre 1985 y 1989, hasta que fue depuesto por el actual hombre fuerte, Omar al Bashir…..con apoyo del propio Turabi.
Una de las muchas habilidades de este político islamista consiste en tener buenas relaciones tanto con Al Qaeda fanáticamente sunita como con el Irán chiíta. Según el periodista cristiano norteamericano Rob Miller los iraníes tienen una fábrica de armamentos en Sudán, destinada a abastecer a sus aliados en Somalía, Yemen y África Central. Asimismo tendrían campos de entrenamiento manejados por efectivos de Hezbollah y los Guardias de la Revolución.
Turabi, junto con otros islamistas radicales, formó un partido denominado el “Frente para una Constitución Islámica” y su objetivo es empujar al ejército y a Bashir a crear un estado islamista similar a Irán, Gaza, Arabia Saudita o Afganistán bajo los talibanes.
Bashir, de todos modos, es un paria internacional, ya que la Corte Penal Internacional lo ha condenado como culpable de genocidio, tráfico de eslavos, violaciones y matanzas. Sin embargo, su aislamiento es muy relativo. El dictador sudanés viaja a encuentros de la Liga Árabe y a conferencias regionales donde es bien recibido y nadie piensa en arrestarlo. Por lo demás, sus crímenes de lesa humanidad no preocupan demasiado a las autoridades eclesiásticas de su país. Lo que realmente les importa es islamizar el país. El imán de la Gran Mezquita de Khartum, la capital sudanesa lo dijo de manera muy elocuente: “Bashir debe gobernar de acuerdo al islam o debe irse”.
El tema hasta ahora no ha provocado demasiadas reacciones en el mundo. ¿Apaciguamiento? ¿Distracción? ¿Ceguera? o ¿complicidad tácita?
Los cristianos, indeseables en Sudán
11/Abr/2012
La República, Egon Friedler